Su buen amigo Papamio! siempre ha sido un partidario de seguir aquello que te haga feliz, seguir tus gustos y demás... Creo que es algo genial cuando mis amigos defienden sus gustos por más "extraños" o "diferentes" que sean.
Llámese Otakus, Frikis, Chasers, Lumbersexuales, CholoLover... lo que sea en el ámbito que sea.
A madres poder convivir con un batillo friki chido y luego estar con la rojilla comunista que se hace su propia ropa, así como salir con los heteros "normales" que andan tras la morrilla en el antro. Todo es diversidad y suavidad (cuando es bien intencionada).
Ahí es cuando existe un problemilla... cuando la intención no es el gusto o la identidad, sino hacerse valer de eso para juzgar o peor aún, para lucrar.
Bueno, bueno, ya no quiero hacerle a la mamada y analizar los vaivenes sociales. Lo que sucede es que justamente vi un vid de un cantante gay del cual dedica una canción a los "Bear" a los Osos. Esa "sub-comunidad", cultura, subcultura, no sé que shingaos sea, pero de hombres tipo oso con sus variables claro, sean gordos, peludotes, masculinos, tatuados, beefies, quien sabe.
El punto es que el cantante guapo, masculino, marcado, dice que "ay los osos" y la mmda, se siente soñado entre ellos.
Pero solo en ese video. Ya en los demás, sale acompañado de chavitos twinkies o los "típicos gays de gym". Como aseverando que "es el estandar gay".
O sea, "le dedico una canción a los osos, pero la neta la neta, no me gustan". Qué mamada.
No sé si haya un estandar gay o no. Al menos en México, me quedo claro con una de las historias de la película "4 Lunas", que todas las jotillas se desvivían de amors por "el profesionista español" de barba, guapisimo y todo un hombre. Hasta me tocó escuchar aquel que dijo "ojalá yo fuera la amante de ese wey, aunque me abandonara y me tratara mal" como si el éxito joteril es que ese wey nos tocara y usara y... ya.
Pero no sé, quizá estoy pendejando musho y haciéndole a la baboseada.... la verdad es que he visto musho video jotillo americano y ya me saturé.
26 may 2015
6 abr 2015
Qué sabes tú de la vida...
Así me lo dijo un sujeto: ¡Qué sabes tú de la vida Papamio, si nunca has sido asaltado por una vestida!
Y en efecto, yo nunca he sido asaltado por una, aunque si he sido agredido.
La verdad es que con las vestidas, uno no sabe ni qué onda. Dicen unos que son chidas, que son "todo un personaje teatral" porque quien más que ellas se atreve a andar por la vida así. Otros dicen que son agresivas, de mala calaña y muy hostiles. Unos más, las ven con repudio y complejidad, pues difíciles como ellas solas.
Mi experiencia con ellas ha sido breve, sin embargo, debo admitir que a mi parecer las pocas que he conocido gozan de hostilidad, honestidad tajante y mamonería 'chingaquedito'.
El sujeto de la historia, el dientes chuecos, me relató su anécdota una noche primaveral cuando se encontraba en estado etílicamente inconveniente. Él, siendo un macho heterosexual, que se las da de muy cabronsito y muy 'entrale a los chingazos', le gusta lucir sus aventuras. Sin embargo, por su estilo fantoche y "todas las puedo", nadie se las cree.
En esa fiesta, él llegó en compañía de mi amigo (el hetero UberBear), ya cuando estaba borracho. Bromeamos sobre algunas ocasiones en que bebimos más de la cuenta y el dientes chueco tuvo que intervenir. Siendo mucho mayor que nosotros nos tachó de "chavos", porque no sabíamos de la vida, para entonces contar su historia.
Resulta que, una noche que se había peleado con su novia y habían terminado la relación, él se fue a beber desde temprano. Ya en la noche, entrando a un bar de mala muerte, se dijo que él era muy hombre como para llorar por una mujer, así que tenía que comprobar su machismo seduciendo a alguna chica del bar. Confiando en que su actitud y coquetería lo era todo (lo cual, joven lector no lo es), miraba de reojo a una señorita. A su saber, era una mujer de unos 30 y pico, casi 40, de cabello rubio teñido, alto tacón y ligeramente morenita. Ella lo miraba, y sonreía, el dientes chuecos pensó "de aquí soy".
Pronto y presuroso se acercó a ella, empezó la plática y ambos acordaron, sin más que unos minutos de conocerse, a ir allá atrás del bar para unos besos coquetos con su respectiva mamada.
Al salir, dice el dientes chuecos, que ya con la luz de la farola, la mujer no se veía tan mujer, sino con facciones un poco más toscas, el pelo más amarillento y la tez morena oscura. Sin embargo, él siendo fiel a sus tácticas de galán, y como macho mexicano dice "no es joto si yo no la pruebo. No es joto si solo es una mamada".
Así se aventuró. La mujer-que-no-es-mujer, le tocó la entrepierna y comenzó a tocarlo, pidiendole que cerrara los ojos por aquello del disfrute mayor. Así lo hizo.
BAM
El dientes chuecos cayó. Una herida en su sien izquierda (de la cual me enseñó cicatriz). Al parecer, cuando el dientes chuecos cerró los ojos en espera de la tan ansiosa mamada, la mamada que le haría olvidar a su novia, la mamada, primera, que le haría una vestida, en ese mismo momento, la vestida aprovechó para quitarse el tacón de aguja y con él, descalabrarloy tirarlo. Ya en el suelo, la vestida le quitó su celular y su cartera.
Pues sí... qué sabes tú de la vida si nunca te ha asaltado una vestida.
Y en efecto, yo nunca he sido asaltado por una, aunque si he sido agredido.
La verdad es que con las vestidas, uno no sabe ni qué onda. Dicen unos que son chidas, que son "todo un personaje teatral" porque quien más que ellas se atreve a andar por la vida así. Otros dicen que son agresivas, de mala calaña y muy hostiles. Unos más, las ven con repudio y complejidad, pues difíciles como ellas solas.
Mi experiencia con ellas ha sido breve, sin embargo, debo admitir que a mi parecer las pocas que he conocido gozan de hostilidad, honestidad tajante y mamonería 'chingaquedito'.
El sujeto de la historia, el dientes chuecos, me relató su anécdota una noche primaveral cuando se encontraba en estado etílicamente inconveniente. Él, siendo un macho heterosexual, que se las da de muy cabronsito y muy 'entrale a los chingazos', le gusta lucir sus aventuras. Sin embargo, por su estilo fantoche y "todas las puedo", nadie se las cree.
En esa fiesta, él llegó en compañía de mi amigo (el hetero UberBear), ya cuando estaba borracho. Bromeamos sobre algunas ocasiones en que bebimos más de la cuenta y el dientes chueco tuvo que intervenir. Siendo mucho mayor que nosotros nos tachó de "chavos", porque no sabíamos de la vida, para entonces contar su historia.
Resulta que, una noche que se había peleado con su novia y habían terminado la relación, él se fue a beber desde temprano. Ya en la noche, entrando a un bar de mala muerte, se dijo que él era muy hombre como para llorar por una mujer, así que tenía que comprobar su machismo seduciendo a alguna chica del bar. Confiando en que su actitud y coquetería lo era todo (lo cual, joven lector no lo es), miraba de reojo a una señorita. A su saber, era una mujer de unos 30 y pico, casi 40, de cabello rubio teñido, alto tacón y ligeramente morenita. Ella lo miraba, y sonreía, el dientes chuecos pensó "de aquí soy".
Pronto y presuroso se acercó a ella, empezó la plática y ambos acordaron, sin más que unos minutos de conocerse, a ir allá atrás del bar para unos besos coquetos con su respectiva mamada.
Al salir, dice el dientes chuecos, que ya con la luz de la farola, la mujer no se veía tan mujer, sino con facciones un poco más toscas, el pelo más amarillento y la tez morena oscura. Sin embargo, él siendo fiel a sus tácticas de galán, y como macho mexicano dice "no es joto si yo no la pruebo. No es joto si solo es una mamada".
Así se aventuró. La mujer-que-no-es-mujer, le tocó la entrepierna y comenzó a tocarlo, pidiendole que cerrara los ojos por aquello del disfrute mayor. Así lo hizo.
BAM
El dientes chuecos cayó. Una herida en su sien izquierda (de la cual me enseñó cicatriz). Al parecer, cuando el dientes chuecos cerró los ojos en espera de la tan ansiosa mamada, la mamada que le haría olvidar a su novia, la mamada, primera, que le haría una vestida, en ese mismo momento, la vestida aprovechó para quitarse el tacón de aguja y con él, descalabrarloy tirarlo. Ya en el suelo, la vestida le quitó su celular y su cartera.
Pues sí... qué sabes tú de la vida si nunca te ha asaltado una vestida.
12 mar 2015
"El cazador" Videojuego Sexual
Hace muchos años Papamio! había descubierto que existían "videojuegos" sexuales. Más que eróticos, eran cómicos, de broma. Uno de ellos, no recuerdo bien su nombre, pero si su trama, le llamaremos "El cazador".
La trama del juego era muy simple. Un juego tipo 'flash', donde tu personaje caminaba entre la selva y sujetos desnudos (los cogedores) te apraparían. Para defenderte ustilizabas una escopeta y conforme pasabas de escena en escena, recolectabas vidas, municiones y puntos. Si te llegaban a atrapar, se escuchaba un gemido y tu personaje "era violado" por uno de los cogedores. Era un juego muy tonto.
Lo que me encantó del juego, fue cuando lo vi la primera vez. Y es que, como bien saben, el Papamio! chico especial, tímido e imaginativo, tenía cierta "verguenza" de explorar internet por ese tipo de juegos e incluso porno. El juego, lo descubrí al lado del "verga blanca".
¿Quién era ese "verga blanca"? Era un muchacho, amigo de Papamio!, que me provocaba erecciones y muchos momentos de calentura y tensión sexual. Él es heterosexual, pero juntos platicabamos de escenarios sexuales "yo me cogía a tal chava", "que tal compañera la mamara". E incluso llegamos a platicar de dudas de hombre a decir: "cuánto te mide", "cuándo te masturbaste por primera vez", "cuántas veces al día", cosas así.
En alguna ocasión, jugamos "luchitas", a lo cual yo tenía tremenda erección y él se sonrió al notarlo, pues él también estaba empalmado. Ninguno de los dijo algo, pero para mi era suficiente para masturbarme pensando en esas ocasiones.
Volvamos al tema.
Sucedió que un fin de semana yo me había a quedado a dormir con él, y por la noche estuvimos platicando y bromeando, lo cual nos llevó a hablar de sexo. Él dijo de broma que tenía un juego de violadores (yo me emocioné en secreto), fuimos a la computadora para jugarlo.
Estuvo divertido. Sin embargo en una ocasión que yo jugué, me puse nervioso, pues el verga blanca estaba a mi lado, nuestras piernas juntas, el calor de la noche y el sutil subtexto del sexo estaba presente. Por tal motivo, yo perdía muy rápido, a lo que él bromeaba diciendo "se me hace que pierdes a propósito... bien que te gusta que te den".
Yo reí diciendole "jaja ya quisieras wey", cuando en verdad pensaba "dame y dame fuerte".
La trama del juego era muy simple. Un juego tipo 'flash', donde tu personaje caminaba entre la selva y sujetos desnudos (los cogedores) te apraparían. Para defenderte ustilizabas una escopeta y conforme pasabas de escena en escena, recolectabas vidas, municiones y puntos. Si te llegaban a atrapar, se escuchaba un gemido y tu personaje "era violado" por uno de los cogedores. Era un juego muy tonto.
Lo que me encantó del juego, fue cuando lo vi la primera vez. Y es que, como bien saben, el Papamio! chico especial, tímido e imaginativo, tenía cierta "verguenza" de explorar internet por ese tipo de juegos e incluso porno. El juego, lo descubrí al lado del "verga blanca".
¿Quién era ese "verga blanca"? Era un muchacho, amigo de Papamio!, que me provocaba erecciones y muchos momentos de calentura y tensión sexual. Él es heterosexual, pero juntos platicabamos de escenarios sexuales "yo me cogía a tal chava", "que tal compañera la mamara". E incluso llegamos a platicar de dudas de hombre a decir: "cuánto te mide", "cuándo te masturbaste por primera vez", "cuántas veces al día", cosas así.
En alguna ocasión, jugamos "luchitas", a lo cual yo tenía tremenda erección y él se sonrió al notarlo, pues él también estaba empalmado. Ninguno de los dijo algo, pero para mi era suficiente para masturbarme pensando en esas ocasiones.
Volvamos al tema.
Sucedió que un fin de semana yo me había a quedado a dormir con él, y por la noche estuvimos platicando y bromeando, lo cual nos llevó a hablar de sexo. Él dijo de broma que tenía un juego de violadores (yo me emocioné en secreto), fuimos a la computadora para jugarlo.
Estuvo divertido. Sin embargo en una ocasión que yo jugué, me puse nervioso, pues el verga blanca estaba a mi lado, nuestras piernas juntas, el calor de la noche y el sutil subtexto del sexo estaba presente. Por tal motivo, yo perdía muy rápido, a lo que él bromeaba diciendo "se me hace que pierdes a propósito... bien que te gusta que te den".
Yo reí diciendole "jaja ya quisieras wey", cuando en verdad pensaba "dame y dame fuerte".
10 mar 2015
Uno de los primeros BJ
Papamio! es un chico coquetón y flexible. En sus experiencias de vida, el joven Papamio! se ha enfrentado al amor, desamor, gustos, hormonas descontroladas, y como todos en un inicio, los fajes sin amor, los fajes sólo por experimentación y calentura.
Es algo curioso. Aunque en mis años de juventud y de jotería, de esas veces que la piel (y el miembro) se erotiza al más mínimo suspiro, yo no era como los demás. Mientras la mayoría se decía enamorado de tal o cual, aunque solo fueran las ganas de querer cochar, yo necesitaba ser honesto. Si decidía meterme con alguien, debía dejar en claro que era solo calentura, querencia o lo que fuera en el momento. No me gustaba que "se fueran con otra idea", aunque claro, eso no evitó que me gustara (con muy poco éxito) el camino de la coquetería y galantería.
Eso pasó una tarde de primavera.
Papamio!, habiendo descubierto el arte del internet, messenger y lo más importante, de cómo borrar el historial de exploración, se dio a la tarea de buscar amor, querencia y desde luego, algo con que calmar la furia de su miembro.
En otras palabras, buscaba quien me diera una mmda suave suave y gustosa, sin que yo tuviera que ser reciproco. Y es que, a lo mejor a usté le parecerá extraño avispado lector, pero aunque joto joto, la verdad es que empecé siendo muy reacio a probarle el miembro a otro hombre. Me gustaba ver y tocar, pero hasta ahí. Me parecía muy desagradable poner un pene en mi boca. Fuera como fuera, uncut, cut, negro, blanco, largo, corto, ancho... como fuese, a mi no me gustaba esa idea. Pero claro, bien eogiosta y gandalla, si quería profanar alguna boca deseosa.
Así pues. En esos días de primavera, conocí a un chico que se enamoró de mí. Aunque con un par de diferencia (él era menor), tal parecía que él ya sabía como iba el rollo, yo siendo un jovenzuelo virginal y negado a toda joteria, desconocía cómo se hacia el rollo.
El sujeto, llamémosle el Láncelot (pues aunque de linda sonrisa, siendo moreno quemado, cara compungida, lentes gruesos y lentitud de movimientos me recordaba a una especie de tortuga), me platicaba por el messenger. Habló sobre que ya había tenido un par de experiencias, una muy intensa pues fue con su tío, con el cual en cierta ocasión, se fue a dormir desnudo y sintió entre su trasero la presión de una irreverente verga (pues no se doblaba, no daba reverencia) y aunque no hubo penetración, era un jugueteo intenso de varias noches entre ellos, hasta que el tío siendo algo violento, le exigió que se la mamara, pues "ya vi que eres putito y te encanta".
En fin, el Láncelot, estaba "enamorado" de mi. Lo digo entre comillas porque en realidad no había enamoramiento, solo calentura, él quería intimar conmigo, estar desnudos y fajar. A mí, siendo primerizo, no me gustaba la idea de intimar con él. Era agradable sí, muy intenso (mucha demanda de cariño), pero no me erotizaba (su parecido a una tortuga me daba gracia). Sin embargo, por el arte del coqueteo y del "estira y afloja" quedamos en que si alguna vez saliamos y estabamos solos, él "no aguantaría las ganas de abrazarme", o sea, de querer coger.
Yo le fui claro, le dije que no me gustaba de la misma forma, pero que "quizá como amigos", y así fue, hasta que quedamos en "ir a mi casa a ver películas".
Ya sabía a que iba eso. Él quería intimar, pero yo... yo no pretendía besarlo.
Pues así ocurrió.
Nos vimos a una distancia de mi casa y al llegar, le ofrecí algo de beber. Yo, fingiendo mis dotes de "Hombre de mundo" o de "Ladie's Man", tomé un poco de tequila. Él se negó, solo un vaso con agua. Y desde ahí empecé a "hacerlo menos", me ofendió que no bebiera conmigo.
Sin embargo, apenas nos sentamos a ver película (para ser honesto no recuerdo qué rayos vimos), él se abalanzó sobre mí, tomándome de la mano y acariciando mi pierna. Yo me dejé querer. Hubo un momento donde su mano se fue a mi entrepierna, yo no estaba muy seguro de querer llegar a eso, así que opté por cambiarme de posición, y él me aconsejó recostarme en sus piernas. Así lo hice.
Golpe, golpe, golpe. Algo golpeaba mi cabeza... era su pene. Láncelot tenía semejante erección que no podía contener y yo, al estar recostado en sus piernas sentía cómo aquel grosor comenzaba a crecer hasta que lo tenía "golpeteandome" el cachete. Él, nada apretado, se rió un poco y con su mano me acarició mi miembro.
Ya valió.
Voltee a verlo sonriente, pues me daba mucha risa que su pene estuviera ahí, y él se inclinó para besarme. Él lo hizo de manera pronta y querendona, yo... yo no abri boca ni labios, besé "con un kiko", pues no me gustaba y él lo sabía. Me incorporé y él, sin decir más, bajó su pantalón y el mío. Comenzó entonces una tremenda mmda. Yo solo, para no ser "un bulto", lo acaricié un poco, pero en realidad estaba extasiado del trabajo que él cumplía con placer y prisa.
así estuvimos un buen rato. Me encantaría decir que fueron horas y horas, pues lo hacía excelente sin sonidos extraños, sin dientes, solo constancia, rapidez y alta succión, pero siendo una de mis primeras experiencias, sabía que el riesgo de acabar pronto era latente. Y en efecto, lo fue.
Tras algunos minutos (me parecieron algunos 6), yo estaba en pleno éxtasis y ni siquiera pude avisar. Pensé que él lo sabría pues aumentó la velocidad y yo, los gemidos. Entre respiración y goce, tensé mi cuerpo y sujeté con mi mano su cabeza, él no se quitó. Terminé en su boca.
Yo seguía con la vista al cielo (pecador), mientras la película seguía su curso, él se incorporó y quiso besarme, yo le desvié la cara. Él comprendió. Se levantó para ir al baño. No sé cuanto tardó, si tragó, escupió o se masturbó; yo ya había terminado y no quería saber nada de él. Estaba en el placer post-manada y para ser honesto, quería dormir plácidamente, pero él estaba ahí.
Amablemente, lo invité a retirarse (desde que nos vimos le comenté que solo tendría libre un par de horas, anticipandome a lo que justo acababa de ocurrir), él lo aceptó.
Así fue la experiencia de uno de mis primeros encuentros orales. A Láncelot lo vi un par de veces más, para la misma dinámica, sin embargo todo terminó cuando me pasó una foto de él en un "tanga amarillo" incitandome a que la próxima vez lo penetrara, cosa que me pareció muy desagradable.
No me juzgue joven lector, que ya sabe que todos hemos tenido nuestra racha de virtudes, perversiones, galanterias o mamonerias. Y para mi, esta era una de las primeras mamadas que hacía (y que me hacían).
~
Es algo curioso. Aunque en mis años de juventud y de jotería, de esas veces que la piel (y el miembro) se erotiza al más mínimo suspiro, yo no era como los demás. Mientras la mayoría se decía enamorado de tal o cual, aunque solo fueran las ganas de querer cochar, yo necesitaba ser honesto. Si decidía meterme con alguien, debía dejar en claro que era solo calentura, querencia o lo que fuera en el momento. No me gustaba que "se fueran con otra idea", aunque claro, eso no evitó que me gustara (con muy poco éxito) el camino de la coquetería y galantería.
Eso pasó una tarde de primavera.
Papamio!, habiendo descubierto el arte del internet, messenger y lo más importante, de cómo borrar el historial de exploración, se dio a la tarea de buscar amor, querencia y desde luego, algo con que calmar la furia de su miembro.
En otras palabras, buscaba quien me diera una mmda suave suave y gustosa, sin que yo tuviera que ser reciproco. Y es que, a lo mejor a usté le parecerá extraño avispado lector, pero aunque joto joto, la verdad es que empecé siendo muy reacio a probarle el miembro a otro hombre. Me gustaba ver y tocar, pero hasta ahí. Me parecía muy desagradable poner un pene en mi boca. Fuera como fuera, uncut, cut, negro, blanco, largo, corto, ancho... como fuese, a mi no me gustaba esa idea. Pero claro, bien eogiosta y gandalla, si quería profanar alguna boca deseosa.
Así pues. En esos días de primavera, conocí a un chico que se enamoró de mí. Aunque con un par de diferencia (él era menor), tal parecía que él ya sabía como iba el rollo, yo siendo un jovenzuelo virginal y negado a toda joteria, desconocía cómo se hacia el rollo.
El sujeto, llamémosle el Láncelot (pues aunque de linda sonrisa, siendo moreno quemado, cara compungida, lentes gruesos y lentitud de movimientos me recordaba a una especie de tortuga), me platicaba por el messenger. Habló sobre que ya había tenido un par de experiencias, una muy intensa pues fue con su tío, con el cual en cierta ocasión, se fue a dormir desnudo y sintió entre su trasero la presión de una irreverente verga (pues no se doblaba, no daba reverencia) y aunque no hubo penetración, era un jugueteo intenso de varias noches entre ellos, hasta que el tío siendo algo violento, le exigió que se la mamara, pues "ya vi que eres putito y te encanta".
En fin, el Láncelot, estaba "enamorado" de mi. Lo digo entre comillas porque en realidad no había enamoramiento, solo calentura, él quería intimar conmigo, estar desnudos y fajar. A mí, siendo primerizo, no me gustaba la idea de intimar con él. Era agradable sí, muy intenso (mucha demanda de cariño), pero no me erotizaba (su parecido a una tortuga me daba gracia). Sin embargo, por el arte del coqueteo y del "estira y afloja" quedamos en que si alguna vez saliamos y estabamos solos, él "no aguantaría las ganas de abrazarme", o sea, de querer coger.
Yo le fui claro, le dije que no me gustaba de la misma forma, pero que "quizá como amigos", y así fue, hasta que quedamos en "ir a mi casa a ver películas".
Ya sabía a que iba eso. Él quería intimar, pero yo... yo no pretendía besarlo.
Pues así ocurrió.
Nos vimos a una distancia de mi casa y al llegar, le ofrecí algo de beber. Yo, fingiendo mis dotes de "Hombre de mundo" o de "Ladie's Man", tomé un poco de tequila. Él se negó, solo un vaso con agua. Y desde ahí empecé a "hacerlo menos", me ofendió que no bebiera conmigo.
Sin embargo, apenas nos sentamos a ver película (para ser honesto no recuerdo qué rayos vimos), él se abalanzó sobre mí, tomándome de la mano y acariciando mi pierna. Yo me dejé querer. Hubo un momento donde su mano se fue a mi entrepierna, yo no estaba muy seguro de querer llegar a eso, así que opté por cambiarme de posición, y él me aconsejó recostarme en sus piernas. Así lo hice.
Golpe, golpe, golpe. Algo golpeaba mi cabeza... era su pene. Láncelot tenía semejante erección que no podía contener y yo, al estar recostado en sus piernas sentía cómo aquel grosor comenzaba a crecer hasta que lo tenía "golpeteandome" el cachete. Él, nada apretado, se rió un poco y con su mano me acarició mi miembro.
Ya valió.
Voltee a verlo sonriente, pues me daba mucha risa que su pene estuviera ahí, y él se inclinó para besarme. Él lo hizo de manera pronta y querendona, yo... yo no abri boca ni labios, besé "con un kiko", pues no me gustaba y él lo sabía. Me incorporé y él, sin decir más, bajó su pantalón y el mío. Comenzó entonces una tremenda mmda. Yo solo, para no ser "un bulto", lo acaricié un poco, pero en realidad estaba extasiado del trabajo que él cumplía con placer y prisa.
así estuvimos un buen rato. Me encantaría decir que fueron horas y horas, pues lo hacía excelente sin sonidos extraños, sin dientes, solo constancia, rapidez y alta succión, pero siendo una de mis primeras experiencias, sabía que el riesgo de acabar pronto era latente. Y en efecto, lo fue.
Tras algunos minutos (me parecieron algunos 6), yo estaba en pleno éxtasis y ni siquiera pude avisar. Pensé que él lo sabría pues aumentó la velocidad y yo, los gemidos. Entre respiración y goce, tensé mi cuerpo y sujeté con mi mano su cabeza, él no se quitó. Terminé en su boca.
Yo seguía con la vista al cielo (pecador), mientras la película seguía su curso, él se incorporó y quiso besarme, yo le desvié la cara. Él comprendió. Se levantó para ir al baño. No sé cuanto tardó, si tragó, escupió o se masturbó; yo ya había terminado y no quería saber nada de él. Estaba en el placer post-manada y para ser honesto, quería dormir plácidamente, pero él estaba ahí.
Amablemente, lo invité a retirarse (desde que nos vimos le comenté que solo tendría libre un par de horas, anticipandome a lo que justo acababa de ocurrir), él lo aceptó.
Así fue la experiencia de uno de mis primeros encuentros orales. A Láncelot lo vi un par de veces más, para la misma dinámica, sin embargo todo terminó cuando me pasó una foto de él en un "tanga amarillo" incitandome a que la próxima vez lo penetrara, cosa que me pareció muy desagradable.
No me juzgue joven lector, que ya sabe que todos hemos tenido nuestra racha de virtudes, perversiones, galanterias o mamonerias. Y para mi, esta era una de las primeras mamadas que hacía (y que me hacían).
~
4 mar 2015
Gays "Into the woods"
Acudí al cine.
Honestamente no me interesaba ver alguna película en especial, solo quería andar de cursi en el cine tomándole la mano al chico que se sentara a mi lado. Ya saben, algo así cursilón joteril.
Entré a ver "Into the woods".
Lo único que sabía de la cinta es lo que aparecía en el cartel... Mery Streep de frente, disfrazada de bruja y el lodo de Disney. Aunque por alguna razón Meryl se ha convertido en un ícono gay (me dirían unos amigos jotillos que fue desde que la hizo de Miranda en esa película de "Devil's Wear Prada"), no creí que esta película fuera un gay magnet, pero lo fue... vaya que lo fue.
Caminé a la sala y noté, con mi vista papamiesca, que tras de mi venía una parejita teenager, dos twinkillos coquetones pero muy afeminados, auqnue eso sí, querían contenerse, se les veía en sus traseros apretados.
Ya cuando buscaba mi asiento, panorámiecamente vi la sala... hombres acompañados de hombres, muchachas acompañadas de sus amigos 'cero obvias', e incluso, un par de power lesbians. Pensé "ah caray, toda la jotada se dejó caer", yo entre ellos por supuesto.
Sentado, observaba a la gente que llegaba. Una pareja captó mi atención. Resulta que un sujeto, de algunos 50 años, fornido con pancita, estaba sentado solo con su bolsa palomera y resfresco. Minutos después llegó otro señor, muy tipo bear, peloncillo barbudillo, a sentarse a un par de butacas al lado, también con su bolsa palomera y refresco... no pensé que fueran amigos, hasta que se voltearon a ver y el primero le "robó" una palomita al segundo, seguido por una sonrisa. Lo que hizo el Bear fue sonreirle de vuelta y cambiarse a una butaca junto a él.
Ay Papamio! lo que pensé es que eran pareja de hace años y todavía jugueteaban a los enamorados.
Bonita escena cursi... mucho mejor que toda la película.
Honestamente no me interesaba ver alguna película en especial, solo quería andar de cursi en el cine tomándole la mano al chico que se sentara a mi lado. Ya saben, algo así cursilón joteril.
Entré a ver "Into the woods".
Lo único que sabía de la cinta es lo que aparecía en el cartel... Mery Streep de frente, disfrazada de bruja y el lodo de Disney. Aunque por alguna razón Meryl se ha convertido en un ícono gay (me dirían unos amigos jotillos que fue desde que la hizo de Miranda en esa película de "Devil's Wear Prada"), no creí que esta película fuera un gay magnet, pero lo fue... vaya que lo fue.
Caminé a la sala y noté, con mi vista papamiesca, que tras de mi venía una parejita teenager, dos twinkillos coquetones pero muy afeminados, auqnue eso sí, querían contenerse, se les veía en sus traseros apretados.
Ya cuando buscaba mi asiento, panorámiecamente vi la sala... hombres acompañados de hombres, muchachas acompañadas de sus amigos 'cero obvias', e incluso, un par de power lesbians. Pensé "ah caray, toda la jotada se dejó caer", yo entre ellos por supuesto.
Sentado, observaba a la gente que llegaba. Una pareja captó mi atención. Resulta que un sujeto, de algunos 50 años, fornido con pancita, estaba sentado solo con su bolsa palomera y resfresco. Minutos después llegó otro señor, muy tipo bear, peloncillo barbudillo, a sentarse a un par de butacas al lado, también con su bolsa palomera y refresco... no pensé que fueran amigos, hasta que se voltearon a ver y el primero le "robó" una palomita al segundo, seguido por una sonrisa. Lo que hizo el Bear fue sonreirle de vuelta y cambiarse a una butaca junto a él.
Ay Papamio! lo que pensé es que eran pareja de hace años y todavía jugueteaban a los enamorados.
Bonita escena cursi... mucho mejor que toda la película.
9 feb 2015
"A ti, ¿qué te erotiza?"
- Ya nada me erotiza, Papamio!
Así fue un comentario que la chiquilla jotilla me dijo alguna vez. Él se refería a que ya solo encuentra placer y felicidad incomparable cuando está con su pareja/esposa/querida.
Supongo que es cierto y que también, es normal. En parte por la fidelidad y en otra, por el placer de sentirse seguro en una relación duradera y llena de confianza. Finalmente creo suponer, a lo que mi mente joteril me da a entender, que hay muchas diferencias a intimar con alguien las primeras veces a cuando se hace tras años de relación.
Vaya, es como una historia que alguien alguna vez contó... supo que estaba en confianza con su esposa porque "de novios te sales del cuarto para echarte un gas, pero en confianza, lo haces ahí mismo". Muy desagradable simil, pero funciona para el punto.
Pero bueno, la idea es que la erotización puede ser mucha y muy variada, o bien, llegar al punto en que "nada erotiza", que se "trasciende a otro plano". ¿Será?
No lo sé... como buen Papamio Joteril, yo experimenté con el porno, como muchos otros. De jovenazo puberto, con mis amigos platicabamos al respecto y alguna vez vimos películas o fotografías. Era porno heterosexual, yo no sabía que mis joterias eran tales, pero sabía que algo existía ahí que no me erotizaba... oh no. Lo que me prendía y me ponía sudoroso e intrépido era el hecho de la complicidad... estar ahí con mis amigos, viendo algo "prohibido" y que ellos se erotizaban y por ende, yo también.
Eso me prendía... la idea.
Después, cuando ya comenzaba a descubrir que mis gustos eran "distintos", tuve con miedo y precaución, tiento y medición, a ver imágenes homosexuales.
Qué maravilla descubrir esos entornos por primera vez. Era una mezcla tremenda de culpa-prohibición, goce-malicioso, hormona-descubrimiento.
Gracias a las maravillas del internet casero, probé como mucho puberto torpe, ponía en buscadores (Altavista según recuerdo), palabras como "gay", "porn", y claro "XXX". De ahí que fueran mis primeras "dedicatorias" a los sujetos de las imágenes. Yo no tenía gusto en particular, de todo aplciaba. Ahor amis gustos se han vuelto más refinados, también, como es natural, lo ha sido mi léxico.
En meses había pasado de "gay+porn+xxx" a términos más comunes y escenarios conocidos, "gay, twink, bear, bbc, daddy, black, asian, interracial, top, bottom, power bottom, bareback, safe, bondage..." y montones más que seguramente ustedes, lectores empedernidos, reconocerán. Lugares comunes en el porno, pues.
En fin. Actualemnte, los gustos ya son más establecidos. Ya sea por experimentación, fantasía o simple curiosidad, he establecido cierto estándar de lo que me gusta y lo que no.
Lo cierto es que, siendo que es un tema muy amplio, diverso y que todos hemos estado expuesto a ello (en mayor o menor medida), aún me "brinca" cuando en relaciones de años de confianza y amor, aún se ocultan sus placeres o fantasias pornográficas.
Recuerdo a este conocido, él chacal morenazo barbudo, buen cuerpo y según se rumoraba, verga descomunal, quien ha tenido una relación amorosa intermitente por 8 años con otro chico. Ellos, activos los dos, supieron equilibrar cuando le toca a quien ser el pasivo. Pero en pornografía se oculta, tanto así que el sujeto me confesó "no sé que le ven a los rubios... a mi lo que me pone son los vaqueros de barba". Mientras que su mejor amigo (un guerito coquetón) respondió "a mi me gusta el porno de negros... se me hace como muy sucio y rico", cuando una hora después el novio me confesó que a él si le iban los jotillos pasivos de trasero megaapretado.
A cada quien lo suyo... pero me sorprendía que tras 8 años, el chacalmorenazobarbudo aún borraba sus búsquedas en computadora de porno vaquero... OJO, uno pensaría que pues se borra por "decencia" y sentido común, para que tu novio no vea que buscas pornografía, pero no. Él no lo hacía por eso, lo hacía para que no supiera que su fantasía eran los cowboys mexicanos.
Siendo algo tan "natural" y un gusto sensato... ¿porqué ocultarlo?
No lo sé.
La verdad es que la pornografía está en la mirada. Lo que nos erotiza es todo y es nada. Es de lo que tengamos ganas.
Así fue un comentario que la chiquilla jotilla me dijo alguna vez. Él se refería a que ya solo encuentra placer y felicidad incomparable cuando está con su pareja/esposa/querida.
Supongo que es cierto y que también, es normal. En parte por la fidelidad y en otra, por el placer de sentirse seguro en una relación duradera y llena de confianza. Finalmente creo suponer, a lo que mi mente joteril me da a entender, que hay muchas diferencias a intimar con alguien las primeras veces a cuando se hace tras años de relación.
Vaya, es como una historia que alguien alguna vez contó... supo que estaba en confianza con su esposa porque "de novios te sales del cuarto para echarte un gas, pero en confianza, lo haces ahí mismo". Muy desagradable simil, pero funciona para el punto.
Pero bueno, la idea es que la erotización puede ser mucha y muy variada, o bien, llegar al punto en que "nada erotiza", que se "trasciende a otro plano". ¿Será?
No lo sé... como buen Papamio Joteril, yo experimenté con el porno, como muchos otros. De jovenazo puberto, con mis amigos platicabamos al respecto y alguna vez vimos películas o fotografías. Era porno heterosexual, yo no sabía que mis joterias eran tales, pero sabía que algo existía ahí que no me erotizaba... oh no. Lo que me prendía y me ponía sudoroso e intrépido era el hecho de la complicidad... estar ahí con mis amigos, viendo algo "prohibido" y que ellos se erotizaban y por ende, yo también.
Eso me prendía... la idea.
Después, cuando ya comenzaba a descubrir que mis gustos eran "distintos", tuve con miedo y precaución, tiento y medición, a ver imágenes homosexuales.
Qué maravilla descubrir esos entornos por primera vez. Era una mezcla tremenda de culpa-prohibición, goce-malicioso, hormona-descubrimiento.
Gracias a las maravillas del internet casero, probé como mucho puberto torpe, ponía en buscadores (Altavista según recuerdo), palabras como "gay", "porn", y claro "XXX". De ahí que fueran mis primeras "dedicatorias" a los sujetos de las imágenes. Yo no tenía gusto en particular, de todo aplciaba. Ahor amis gustos se han vuelto más refinados, también, como es natural, lo ha sido mi léxico.
En meses había pasado de "gay+porn+xxx" a términos más comunes y escenarios conocidos, "gay, twink, bear, bbc, daddy, black, asian, interracial, top, bottom, power bottom, bareback, safe, bondage..." y montones más que seguramente ustedes, lectores empedernidos, reconocerán. Lugares comunes en el porno, pues.
En fin. Actualemnte, los gustos ya son más establecidos. Ya sea por experimentación, fantasía o simple curiosidad, he establecido cierto estándar de lo que me gusta y lo que no.
Lo cierto es que, siendo que es un tema muy amplio, diverso y que todos hemos estado expuesto a ello (en mayor o menor medida), aún me "brinca" cuando en relaciones de años de confianza y amor, aún se ocultan sus placeres o fantasias pornográficas.
Recuerdo a este conocido, él chacal morenazo barbudo, buen cuerpo y según se rumoraba, verga descomunal, quien ha tenido una relación amorosa intermitente por 8 años con otro chico. Ellos, activos los dos, supieron equilibrar cuando le toca a quien ser el pasivo. Pero en pornografía se oculta, tanto así que el sujeto me confesó "no sé que le ven a los rubios... a mi lo que me pone son los vaqueros de barba". Mientras que su mejor amigo (un guerito coquetón) respondió "a mi me gusta el porno de negros... se me hace como muy sucio y rico", cuando una hora después el novio me confesó que a él si le iban los jotillos pasivos de trasero megaapretado.
A cada quien lo suyo... pero me sorprendía que tras 8 años, el chacalmorenazobarbudo aún borraba sus búsquedas en computadora de porno vaquero... OJO, uno pensaría que pues se borra por "decencia" y sentido común, para que tu novio no vea que buscas pornografía, pero no. Él no lo hacía por eso, lo hacía para que no supiera que su fantasía eran los cowboys mexicanos.
Siendo algo tan "natural" y un gusto sensato... ¿porqué ocultarlo?
No lo sé.
La verdad es que la pornografía está en la mirada. Lo que nos erotiza es todo y es nada. Es de lo que tengamos ganas.
5 feb 2015
El sujeto de la depravación (1)
Papamio es, como dicen por ahí, "cosa seria". Muchas han sido las experiencias que han marcado el andar de este jovenazo, buen mozo y talentoso jotillo de sus querencias.
Sin embargo hay historias densas, de caos, de discordia, de poco tiento al sentido común y a-tentar con las "buenas costumbres"; no se espante lector, que recuerde que mis historias pueden ser verídicas, ficticias o ambas, pues todo finalmente cuando se cuenta es ficción, es solo cuando ocurre, en el instante en que son reales-verdaderas.
Así pues, les cuento un par de interacciones que son inventadas (o no), que pudieron haber sido (o no) con aquel que llamaramos "el sujeto de la depravación".
Moreno de piel, escuálido de cuerpo. Aunque sus facciones hacía creer que era un simple joven, sin mayor trascendencia, su mirada indicaba el gusto por lo exótico y, como conocería después, por lo erótico.
Nuestra relación comenzó como todas las historias puñeteras, Papamio sentía un no sé qué por conocerlo, que aunque era pura pasión se confundió por querencia. ¡Ay qué equivocado estaba! Podía haber jurado que él era el sujeto de mis desvelos, pero en realidad era solo un maniquí, era solo un ser malévolo que sabía cómo "dejarse querer" para atraer a los faltos-de-amor-y-malquerencia y con su alma de "putilla", sacarles provecho.
Luego de varias salidas por un cafesito, el camino amoroso y romántico se fue al diablo, pues Papamio comprendió que aquel solo lo utilizaba por dineros, y porque, justo es admitirlo, la plática era muy interesante y llena de riqueza (sus intereses eran diversos, desde cine y literatura, hasta videojuegos donde destacaba pokémon). En fin, esa puerta se cerró, saliamos como amigos, hasta un fatídico día donde la historia de la perversión ocurrió.
Sentados en el café, en un área semi-privada, sacó su laptop; veíamos videos musicales y trailers de películas, en su escritorio tenía una carpeta de fotos personales, vimos algunas, incluso unas donde él posaba sin playera, pero en la selección había otra carpeta sin título, él dijo riendo "esas no", pero era claro, una risa incitadora, era su placer exhibicionista deseando lucirse.
Las vimos.
Era una colección de penes, culos y traseros (personales como de terceros), además de algunas imágenes de indumentaria sadomasoquista, ha decir: látigos, esposas, máscaras leathers, cadenas y piercings. Finalmente, existían otras más intensas, personas en situación de amo-esclavo, de goldenshower, cropofagia y sangrado.
Me quedé atónito. En ese momento, aunque lo creí exhibicionista y liberal, no creí que estuviera tan adentrado en esos fetish o intereses. Ahora, con distancia, veo que sí, que él podría haber sido personaje en los 120 días de Sodoma del Marqués de Sade. No solo por lo sadomasoquista, digo ese es un fetish "más o menos" aceptado y conocido, sino que no se quedaba en los látigos o el dolor, sino que llegaba al punto de fantasear con la humillación total.
En ese instante, decidí ser fuerte, pretender que aquello no me había impresionado, sino que era "algo más de la vida", que aunque no compartía podía entender. Él esperaba mi reacción de disgusto, claro, pero no se la iba a dar. Sería indiferente, sería otro yo que acepta el juego y decide mostrarse superior y ganar. (Tan idiota Papamio, pues no habría nada que ganar).
Decidió llevar la tensión del momento a más. Jugueteando dijo que una de sus curiosidades era humillación pública y el dolor, específicamente la perforación de la uretra o del escroto. Entonces, así como si hubiera sido mostrar un tatuaje, con esa naturalidad, se desabrochó el pantalón y sacó su miembro. Señaló la parte que deseaba le perforaran con un alfiler.
No pude más. Fingí risa y comicidad al respecto, pero me alarmaba el pánico que sentía, cualquiera pudo haber notado que él, el sjueto de la depravación, estaba ahí en un café con el miembro de fuera, señalando su pene.
Esa noche terminó así. Él con la promesa de juntarnos algún otro día y seguir platicando de sus deseos e intereses, yo, con el sinsentido abrumante de no saber qué estoy haciendo de mi vida.
Nos vimos otro día, ya no para hablar de eso o en un café, sino para tener un noche de videojuegos. Algo tranquilo. Papamio se equivocó.
En casa, encendimos la consola y comenzamos a jugar. No pasaron ni cinco minutos en lo que el sujeto de forma natural, pero retadora, comenzó "el otro juego".
- Papamio - me dijo - ¿quieres que me desnude?
- ...ajá - respondí desconcertado.
Así lo hizo. Videojuegos por un tiempo mientras él estaba desnudo a mi lado. Es un hecho que vi su miembro, e incluso lo deseé. Claro que él se percató de lo que sucedía, puso pausa al juego y sin decir más, tomó con sus manos mi cara y cabeza, violentamente me acercó a su pene.
Papamio hizo la faena ya conocida. Probó.
Su miembro era tremendo. Su largo bien podía haber sido superior a los 20 centímetros, pero no era lo que me atraía, Papamio nunca ha fantaseado por lo largo, pero fue lo ancho lo que me estremeció. Bastante generoso, tanto, que era mórbido el contraste entre el sujeto escuálido que él era y lo vigoroso de su mástil. Yo no lo sabía en ese momento, pero era claro que sería la razón por la que días después me diría que "siempre era pasivo pues nadie la aguanta, les duele".
Estuvimos un rato así, él pretendía seguir el juego, que yo probáse todo su cuerpo, pies, estómago, trasero, culo y pecho. Todo menos los labios. Él no besaba, ni lo haría. Bien dicen que las putas no besan, porque corren el riesgo de enamorarse.
Pensé que esa noche yaceríamos, pero no. Su interés no era probarme, era ser sujeto de deseo. Pretendía que yo le hiciera lo que deseaba, estaba en mis manos (literal). Sin embargo, pese a su rol de objeto era autoritario. Indicaba qué quería y hasta dónde. Llegó al punto de decirme que era su deseo orinarse ahí mismo, se lo negué y tras hacerlo, molesto, se dirigió al lavatorio a aliviarse.
Regresó y tomo el mando del videojuego, indicando que deseaba continuar la partida.
Una hora más tarde, él pretendía volver a la dinámica. Papamio preguntó "¿pues qué pretendes?" y fue muy claro "quiero humillarte, quiero destruirte, veamos hasta dónde".
Y así, así comenzó el ocaso.
Sin embargo hay historias densas, de caos, de discordia, de poco tiento al sentido común y a-tentar con las "buenas costumbres"; no se espante lector, que recuerde que mis historias pueden ser verídicas, ficticias o ambas, pues todo finalmente cuando se cuenta es ficción, es solo cuando ocurre, en el instante en que son reales-verdaderas.
Así pues, les cuento un par de interacciones que son inventadas (o no), que pudieron haber sido (o no) con aquel que llamaramos "el sujeto de la depravación".
Moreno de piel, escuálido de cuerpo. Aunque sus facciones hacía creer que era un simple joven, sin mayor trascendencia, su mirada indicaba el gusto por lo exótico y, como conocería después, por lo erótico.
Nuestra relación comenzó como todas las historias puñeteras, Papamio sentía un no sé qué por conocerlo, que aunque era pura pasión se confundió por querencia. ¡Ay qué equivocado estaba! Podía haber jurado que él era el sujeto de mis desvelos, pero en realidad era solo un maniquí, era solo un ser malévolo que sabía cómo "dejarse querer" para atraer a los faltos-de-amor-y-malquerencia y con su alma de "putilla", sacarles provecho.
Luego de varias salidas por un cafesito, el camino amoroso y romántico se fue al diablo, pues Papamio comprendió que aquel solo lo utilizaba por dineros, y porque, justo es admitirlo, la plática era muy interesante y llena de riqueza (sus intereses eran diversos, desde cine y literatura, hasta videojuegos donde destacaba pokémon). En fin, esa puerta se cerró, saliamos como amigos, hasta un fatídico día donde la historia de la perversión ocurrió.
Sentados en el café, en un área semi-privada, sacó su laptop; veíamos videos musicales y trailers de películas, en su escritorio tenía una carpeta de fotos personales, vimos algunas, incluso unas donde él posaba sin playera, pero en la selección había otra carpeta sin título, él dijo riendo "esas no", pero era claro, una risa incitadora, era su placer exhibicionista deseando lucirse.
Las vimos.
Era una colección de penes, culos y traseros (personales como de terceros), además de algunas imágenes de indumentaria sadomasoquista, ha decir: látigos, esposas, máscaras leathers, cadenas y piercings. Finalmente, existían otras más intensas, personas en situación de amo-esclavo, de goldenshower, cropofagia y sangrado.
Me quedé atónito. En ese momento, aunque lo creí exhibicionista y liberal, no creí que estuviera tan adentrado en esos fetish o intereses. Ahora, con distancia, veo que sí, que él podría haber sido personaje en los 120 días de Sodoma del Marqués de Sade. No solo por lo sadomasoquista, digo ese es un fetish "más o menos" aceptado y conocido, sino que no se quedaba en los látigos o el dolor, sino que llegaba al punto de fantasear con la humillación total.
En ese instante, decidí ser fuerte, pretender que aquello no me había impresionado, sino que era "algo más de la vida", que aunque no compartía podía entender. Él esperaba mi reacción de disgusto, claro, pero no se la iba a dar. Sería indiferente, sería otro yo que acepta el juego y decide mostrarse superior y ganar. (Tan idiota Papamio, pues no habría nada que ganar).
Decidió llevar la tensión del momento a más. Jugueteando dijo que una de sus curiosidades era humillación pública y el dolor, específicamente la perforación de la uretra o del escroto. Entonces, así como si hubiera sido mostrar un tatuaje, con esa naturalidad, se desabrochó el pantalón y sacó su miembro. Señaló la parte que deseaba le perforaran con un alfiler.
No pude más. Fingí risa y comicidad al respecto, pero me alarmaba el pánico que sentía, cualquiera pudo haber notado que él, el sjueto de la depravación, estaba ahí en un café con el miembro de fuera, señalando su pene.
Esa noche terminó así. Él con la promesa de juntarnos algún otro día y seguir platicando de sus deseos e intereses, yo, con el sinsentido abrumante de no saber qué estoy haciendo de mi vida.
Nos vimos otro día, ya no para hablar de eso o en un café, sino para tener un noche de videojuegos. Algo tranquilo. Papamio se equivocó.
En casa, encendimos la consola y comenzamos a jugar. No pasaron ni cinco minutos en lo que el sujeto de forma natural, pero retadora, comenzó "el otro juego".
- Papamio - me dijo - ¿quieres que me desnude?
- ...ajá - respondí desconcertado.
Así lo hizo. Videojuegos por un tiempo mientras él estaba desnudo a mi lado. Es un hecho que vi su miembro, e incluso lo deseé. Claro que él se percató de lo que sucedía, puso pausa al juego y sin decir más, tomó con sus manos mi cara y cabeza, violentamente me acercó a su pene.
Papamio hizo la faena ya conocida. Probó.
Su miembro era tremendo. Su largo bien podía haber sido superior a los 20 centímetros, pero no era lo que me atraía, Papamio nunca ha fantaseado por lo largo, pero fue lo ancho lo que me estremeció. Bastante generoso, tanto, que era mórbido el contraste entre el sujeto escuálido que él era y lo vigoroso de su mástil. Yo no lo sabía en ese momento, pero era claro que sería la razón por la que días después me diría que "siempre era pasivo pues nadie la aguanta, les duele".
Estuvimos un rato así, él pretendía seguir el juego, que yo probáse todo su cuerpo, pies, estómago, trasero, culo y pecho. Todo menos los labios. Él no besaba, ni lo haría. Bien dicen que las putas no besan, porque corren el riesgo de enamorarse.
Pensé que esa noche yaceríamos, pero no. Su interés no era probarme, era ser sujeto de deseo. Pretendía que yo le hiciera lo que deseaba, estaba en mis manos (literal). Sin embargo, pese a su rol de objeto era autoritario. Indicaba qué quería y hasta dónde. Llegó al punto de decirme que era su deseo orinarse ahí mismo, se lo negué y tras hacerlo, molesto, se dirigió al lavatorio a aliviarse.
Regresó y tomo el mando del videojuego, indicando que deseaba continuar la partida.
Una hora más tarde, él pretendía volver a la dinámica. Papamio preguntó "¿pues qué pretendes?" y fue muy claro "quiero humillarte, quiero destruirte, veamos hasta dónde".
Y así, así comenzó el ocaso.
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